Capítulo 1.2 La del lazo amarillo

 

Capítulo 1.2 · La del lazo amarillo

Aún no veo ni oigo, pero algo distinto ha entrado en mi pequeño universo de leche, calor y sueño. Más tarde entiendo que, mientras sigo pegada a mamá y a mis hermanos, afuera dicen esto:

—Ah, qué belleza… —dice una mujer con una emoción que yo entonces no oigo, pero que debe de llenar el aire de otra forma—. ¿Cuántos son?
—Son diez. Puedes acariciarlos si quieres, aunque solo tienen tres días.
—Sí, pero antes debo lavarme las manos para poder tocarlos.

Claro, yo no sé qué está ocurriendo. Todavía no. Pero algo me llega de todos modos, como llegan ciertas cosas antes incluso de tener nombre. La verdad, con mamá y mis hermanos no necesito mucho más.

La mujer, con esas patas extrañas ya limpias, va levantando a uno y a otro. Noto la inquietud de mis hermanos. Yo sigo en mi hueco tibio, medio dormida, hasta que de pronto me levantan a mí también.

Esa pata es nueva. Me agarra con delicadeza. Seguro que toca comer, aunque no tengo hambre. Me alejan del olor de mamá, y eso no me gusta. Pero… ¿qué es esto? ¿Adónde estoy?

—Mira, cariño… esta ni se mueve. Se ha quedado tranquila entre mis manos. Qué confiada.
—Kati, es la del lazo amarillo. Qué bonita está.

Aunque no sé qué ocurre, sí noto que esas patas son cálidas, que no tienen prisa y que me sostienen como si yo importara.

Y entonces pasa algo extraño.

En vez de encogerme o de buscar con desesperación volver a mamá, me quedo quieta, panza arriba. Suspendida en una calma extraña. Acunada, como si de pronto regresara a mi lago pacífico. Segura, cómoda y tranquila. Hay algo en su olor que no conozco y, sin embargo, me hace bien. No es mamá, ni mi leche, ni el olor de mis hermanos. Es otra cosa. Una paz distinta.

—Ha sido la única —dice la mujer, asombrada—. La única que se ha quedado así, tan tranquila…
—Pues parece que te ha elegido ella a ti. ¿No crees, Kati?

Siento esa pata recorriéndome la cabeza y luego la barriga, despacio, con una suavidad que me hace soltar todo el cuerpo. No me pasa la lengua como mamá, pero aquí, en este nuevo nido, también me siento cuidada.

¿Será esta otra mamá?

No lo sé, pero aquí se está bien. Me gusta.

Al final me devuelven al calor de siempre, a mi montón de vida recién empezada.

Pero algo ha cambiado. Ese olor… se me ha quedado dentro.

No sé quién es. Aun así, alguna parte de mí ya la conoce.

Fragmento anterior  Seguir leyendo