Capítulo 1.1 El olor de mamá

 

Capítulo 1.1 · El olor de mamá

Qué maravilla de lugar. Estoy en un lago pacífico, sumergida en una tibieza húmeda y blanda que me mece. Todo es calor. Todo es latido. Floto sin saber que floto, tranquila. Es mi mundo entero, una paz redonda donde nada duele y nada falta.

Pero algo cambia.

¿Qué sucede? ¿Por qué se mueve todo a mi alrededor? ¿Y yo? ¿Adónde me llevan?

De pronto, el espacio se estrecha. Hay un túnel oscuro, apretado. No quiero pasar por ahí. No quepo. O eso me parece. Esas paredes suaves y fuertes me arrastran, me empujan sin descanso, y ya no puedo quedarme donde estaba.

Me expulsan, y entonces me entra un frío que no conocía, como un vacío.

Después me cubre algo áspero, húmedo y caliente que recorre mi cuerpo una y otra vez. Me lame. Me obliga a entrar en la vida. Abro un poco la boca y el aire entra por fin con violencia, como si él también tuviera prisa por encontrarme.

Cuf, cuf. Uf. El aire entra. Sigo aquí. Por un momento creí que me apagaba.

Pero tampoco me dejan quieta. Algo me empuja por un lado. Algo me roza por el otro. Lo peor: alguien me chupa una oreja. Otro cuerpo se pega al mío. Huelen parecido a mí, sí, pero no igual. Parecen tan perdidos como yo y, sin embargo, se mueven con una decisión que me despierta algo dentro.

Entonces lo noto. Es un olor dulce. No sé qué es, pero dentro de mí lo reconoce como si lo hubiera esperado desde siempre. Me llama. Me tira de la nariz. Me entra hambre y sé que debo ir hacia allí.

Me arrastro como puedo, torpe, ciega, empujando con el hocico, con la panza, con las patas. Y por fin la encuentro. Ah, es la teta de mamá.

Abro la boca y estoy a punto de agarrarla cuando uno de esos pesados llega y me quita el sitio. Protesto como puedo. No cedo. Entonces siento una pata enorme. No es como las nuestras ni como las de mamá, pero me coge y me levanta un instante. No me gusta. Me retuerzo, lloro. Pero enseguida me deja en otro lugar, y allí está: calor, leche, alivio.

Mamo y mamo.

Mamá me lame, me limpia, me arrima a ella. Este es el sitio al que pertenezco.

Estoy llena, estoy a salvo. Me entra sueño y, justo antes de quedarme dormida del todo, antes de dejarme caer en este primer descanso del mundo, noto que me ponen algo en el cuello.

Eso no me gusta nada.

Todavía no sé quién soy, pero ya sé que no quiero que me aparten de mamá.

Seguir leyendo